verevictor

agosto 8, 2012

Todos somos Carlos Dívar

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 6:36 pm

Decía no sé quién que todo el mundo desprecia el dinero, pero sólo el dinero ajeno. En esta piel de toro sucede tres cuartos de lo mismo con la corrupción. Ahora que salen a la palestra noticias de corruptos como Carlos Dívar o que casi una quinta parte de los diputados del congreso se embolsan la nada desdeñable cifra de 1800 € al mes que no les corresponden los españoles nos llevamos las manos a la cabeza y salimos a la calle con nuestros smartphones en mano, que son el equivalente de las antorchas y los rastrillos de aquellos bonitos tiempos enl los que la ley de Lynch campaba a sus anchas.

Pero lo cierto es que si la ley española contemplara la ejecución por lapidación para estos casos resultaría muy difícil encontrar a alguien libre de culpa para que tirara la primera piedra. Yo, por ejemplo, no podría.

Y es que la diferencia entre la mayoría de nosotros y la minoría de esos corruptos a los que queremos defenestrar es sólo cuantitativa, no cualitativa. En España tenemos la picaresca como virtud, pero la picaresca española tiene un requisito muy importante: no tienen que pillarte. Si te pillan, te mereces los golpes de bastón de tu dueño ciego, pequeño Lazarillo. Así lo hemos leído, así lo hemos mamado.

Empecemos con un ejemplo muy tonto. Estás en el trabajo. Tienes que llamar a tu amigo para cerrar el plan de la noche, pero todavía no son las seis de la tarde, así que olvídate de tu tarifa de 300 minutos al mes de Orange, porque antes de esa hora te cobran lo que tú consideras un ojo de la cara. Por otro lado, al lado del ordenador tienes el teléfono del trabajo, que a ti no te cuesta un miserable céntimo pero que, tratándose de un fijo, a tu empresa o institución le va a costar como mínimo lo que te costaría a ti. ¡Qué demonios! ¿Acaso no consideras que le estás dando al trabajo más de lo que se refleja en tu sueldo? Así que coges el teléfono y llamas a tu amigo. Ni siquiera lo consideras picaresca: lo consideras una forma de justicia distributiva. Cambia teléfono por talonario de hoteles y ya eres un Carlos Dívar.

Ahora os cuento una historia. Hace ya algunos años fui a una escuela de verano que me pagaban en Niza. Me lo pagaban todo desde ahí, ya que me gané una beca. Cuando tuve que comprar el vuelo, vi que la conexión de mi ciudad con Niza no era demasiado buena y para no perderme el inicio de las conferencias tendría que estar una noche extra en el hotel. Le pregunté a la institución si eso les resultaba un problema y me contestaron que iban a investigar si, efectivamente, no existía otra opción. Fue sólo cuando comprobaron que no mentía para pasar un día por la patilla en la capital de la Costa Azul que me dieron el OK. La tarde que llegué al hotel me encontré a un alemán y a una griega que estaban en la misma situación que yo. Les pregunté si no les había resultado ofensiva esa desconfianza por parte de la institución. A la griega sí, pero al alemán no. Porque al alemán nunca le comprobaron el itinerario. Se ve que en Europa los mediterráneos ya nos habíamos ganado una fama de corruptos generales. De pícaros, que nos gusta decir por estos lares. Un día de hotel por la cara, lo que llamamos un Carlos Dívar.

Algunas veces los que nos dedicamos a mi trabajo tenemos que estar fuera más de cuatro días, en lo que llamamos una estancia corta en un laboratorio distinto al nuestro. Dado que vas a estar fuera de tu casa durante unos meses tienes que pedir un complemento a tu sueldo. Dicho complemento puede salir de una institución pública o una institución privada en forma de beca. Normalmente, echamos todas las becas que podemos. Las becas públicas te exigen que renuncies a ellas en el caso de que te den una beca privada, pero nunca comprueban si eso ha sucedido. Por otro lado, los organismos públicos te piden todos los recibos que puedas aportar para justificar tus datos, mientras que los privados sólo se te suelen pedir una memoria científica. Y he aquí el truco, porque ¿quién se va a enterar de que una empresa privada te está pagando por otro lado? A fin de cuentas, sólo tienes que presentarle los recibos a uno de ellos. Así que cuando te dan varias becas, mucha gente elige, sí, pero elige qué beca privada se va a quedar además de la pública. Gente con dos becas se han pagado la entrada de un coche, se han amueblado el salón o se han pegado unas vacaciones de lujo. Nótese que ya no estamos hablando de robar clips de la oficina ni de llamar desde el teléfono institucional para quedar a tomarte una cerveza con tu amigo de toda la vida, sino de miles de euros. Además, cada persona que ha aprovechado dos becas a la vez es culpable, al menos moralmente, de que otro investigador se haya quedado sin poder hacer una estancia en otro laboratorio.

A mí me dieron una beca privada, así que no pedí ninguna pública. ¿Y sabéis lo que mucha gente piensa de mí y me dijo por no haberlo hecho? Que soy tonto. Pero tonto de cojones.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: