verevictor

abril 4, 2013

Electricidad estática

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 8:57 pm

Cada vez que la besaba sentía un calambre en la boca. Al principio, como sucede en el principio de todas mis historias, me lo tomé como una señal de que éramos una pareja especial: teníamos tanta química que era inevitable que saltaran chispas.

Pero siguió pasando. No era tan solo cuando estábamos en la cola del cine y me rendía a la tentación de morderle la boca, o cuando estábamos en un bar y competía contra su copa en una carrera hacia sus labios. No, también pasaba en situaciones menos apasionadas, como cuando me despertaba a su lado y la besaba antes de prepararle el desayuno, o como cuando terminábamos de follar y me daba un escueto beso por haber conseguido que se corriera antes de que yo terminara.

Pasaba siempre, y me intrigaba. Llegué a mirar su armario, esperando encontrarlo lleno de jerséis de Angora o franela y encontrando sólo prendas de algodón. En su árbol genealógico no había rastro de los apellidos Edison o Tesla. Y sin embargo, cada vez que me besaba, aquella chica me provocaba un calambre.

Al final, como sucede siempre al final de mis historias, me dejó por otro. Tuvo la decencia de contármelo, y yo no sufrí demasiado al escucharlo. Nos despedimos como corresponde en esa tierra de nadie de los que han sido amantes y están a punto de no ser nada: con un beso somero en los labios. Y, de nuevo, el calambre.

Olvidé el calambre. Olvidé a la chica. Durante un tiempo, al menos. Hasta el jueves pasado, para ser concretos. La volví a ver por la calle, tan guapa como siempre. Sólo que yo ya no la veía guapa. Así que cuando me dio dos besos en la mejilla yo no me esperaba, de nuevo, dos calambres. La miré a la cara, sorprendido, y entonces lo entendí.

En otros tiempos la miraba con ojos tiernos, pero ya no. Con ojos normales, con luz natural, resolví por fin el misterio: aquella chica tenía bigote.

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diciembre 6, 2012

Natasha

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 1:54 am

Solía  ir al trabajo en bici, y al salir del ascensor borraba yo mismo las huellas que la rueda de la bicicleta había dejado en el espejo. Una mañana, la limpiadora me vio desde el rellano de la escalera y, muy amablemente, me dijo que no era necesario que lo hiciera, que ya limpiaba ella el espejo. Sin hacerle caso, seguí limpiando las huellas cada vez que usaba la bici, pero aquella limpiadora ya me miraba con otros ojos. Le daba los buenos días con una sonrisa, y ella me correspondía. A veces me preguntaba cosas sobre mi vida. Que dónde trabajaba, que cuántos años tenía, ese tipo de preguntas, algo que yo consideraba normal. A veces me regañaba porque el presidente de la comunidad le había dicho que se había encontrado una bici atada en el portal y que eso no podía ser, o que alguien había dejado una bolsa de basura en el rellano de mi escalera y que seguro que éramos nosotros. En ninguno de los casos éramos nosotros los culpables. Me regañaba con una mezcla de cariño y de severidad muy propio de la Europa del Este, y cuando le decía que yo no había sido me guiñaba el ojo y me decía que lo sabía, pero que quizá uno de mis compañeros de piso era el culpable.

Hace un mes empecé a escribir mi tesis doctoral en casa, así que ya no me la encontraba por las mañanas. Hasta hoy, que he salido a comprar unas cosas y me la he encontrado en la calle. Le he preguntado por una venda que tenía en la cara. Una verruga, me ha dicho, que le han quitado porque se empezaba a expandir hacia la oreja. Me ha dicho también que llevaba una semana esperando verme. Para despedirse y darme las gracias.Que mi comunidad tiene un presidente nuevo, y uno de los cambios que ha decidido hacer es el de la limpiadora, o de la empresa de limpieza, así que ya no volveríamos a vernos. Me ha contado que se levanta a las cinco de la mañana y se pasa limpiando portales hasta las tres de la tarde. Que vive con su hija, su yerno (ambos sin trabajo) y sus dos nietos. Que sólo cobra 400€, que antes cobraba más limpiando casas, pero que como ahora tienen que hacerle contrato a las sirvientes domésticas ya nadie requiere de sus servicios. Que posiblemente era su último día limpiando mi portal. Y me ha vuelto a dar las gracias. Cuando le he preguntado que por qué me daba las gracias me ha dicho que era la única persona que le daba los buenos días y que le sonreía.

No me he sentido orgulloso. He sentido asco. Asco de que una mujer tenga que trabajar ocho horas al día a cambio de 400€ y una sola sonrisa. Asco de que el presidente de mi comunidad la eche. Asco de mí, que no tengo poder para ayudarla. Asco de vivir en un mundo en el que la gente no sea capaz de dar los buenos días con una sonrisa a una mujer que, día a día, friega la puerta de su casa. Asco de mí, que hasta hoy no sabía que la mujer que me regañaba se llama Natasha y es de Ucrania. Asco nuevamente de mí, que le regalaba una sonrisa a una desconocida y que las vendo muy caras a la gente a la que supuestamente amo.

agosto 8, 2012

Todos somos Carlos Dívar

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 6:36 pm

Decía no sé quién que todo el mundo desprecia el dinero, pero sólo el dinero ajeno. En esta piel de toro sucede tres cuartos de lo mismo con la corrupción. Ahora que salen a la palestra noticias de corruptos como Carlos Dívar o que casi una quinta parte de los diputados del congreso se embolsan la nada desdeñable cifra de 1800 € al mes que no les corresponden los españoles nos llevamos las manos a la cabeza y salimos a la calle con nuestros smartphones en mano, que son el equivalente de las antorchas y los rastrillos de aquellos bonitos tiempos enl los que la ley de Lynch campaba a sus anchas.

Pero lo cierto es que si la ley española contemplara la ejecución por lapidación para estos casos resultaría muy difícil encontrar a alguien libre de culpa para que tirara la primera piedra. Yo, por ejemplo, no podría.

Y es que la diferencia entre la mayoría de nosotros y la minoría de esos corruptos a los que queremos defenestrar es sólo cuantitativa, no cualitativa. En España tenemos la picaresca como virtud, pero la picaresca española tiene un requisito muy importante: no tienen que pillarte. Si te pillan, te mereces los golpes de bastón de tu dueño ciego, pequeño Lazarillo. Así lo hemos leído, así lo hemos mamado.

Empecemos con un ejemplo muy tonto. Estás en el trabajo. Tienes que llamar a tu amigo para cerrar el plan de la noche, pero todavía no son las seis de la tarde, así que olvídate de tu tarifa de 300 minutos al mes de Orange, porque antes de esa hora te cobran lo que tú consideras un ojo de la cara. Por otro lado, al lado del ordenador tienes el teléfono del trabajo, que a ti no te cuesta un miserable céntimo pero que, tratándose de un fijo, a tu empresa o institución le va a costar como mínimo lo que te costaría a ti. ¡Qué demonios! ¿Acaso no consideras que le estás dando al trabajo más de lo que se refleja en tu sueldo? Así que coges el teléfono y llamas a tu amigo. Ni siquiera lo consideras picaresca: lo consideras una forma de justicia distributiva. Cambia teléfono por talonario de hoteles y ya eres un Carlos Dívar.

Ahora os cuento una historia. Hace ya algunos años fui a una escuela de verano que me pagaban en Niza. Me lo pagaban todo desde ahí, ya que me gané una beca. Cuando tuve que comprar el vuelo, vi que la conexión de mi ciudad con Niza no era demasiado buena y para no perderme el inicio de las conferencias tendría que estar una noche extra en el hotel. Le pregunté a la institución si eso les resultaba un problema y me contestaron que iban a investigar si, efectivamente, no existía otra opción. Fue sólo cuando comprobaron que no mentía para pasar un día por la patilla en la capital de la Costa Azul que me dieron el OK. La tarde que llegué al hotel me encontré a un alemán y a una griega que estaban en la misma situación que yo. Les pregunté si no les había resultado ofensiva esa desconfianza por parte de la institución. A la griega sí, pero al alemán no. Porque al alemán nunca le comprobaron el itinerario. Se ve que en Europa los mediterráneos ya nos habíamos ganado una fama de corruptos generales. De pícaros, que nos gusta decir por estos lares. Un día de hotel por la cara, lo que llamamos un Carlos Dívar.

Algunas veces los que nos dedicamos a mi trabajo tenemos que estar fuera más de cuatro días, en lo que llamamos una estancia corta en un laboratorio distinto al nuestro. Dado que vas a estar fuera de tu casa durante unos meses tienes que pedir un complemento a tu sueldo. Dicho complemento puede salir de una institución pública o una institución privada en forma de beca. Normalmente, echamos todas las becas que podemos. Las becas públicas te exigen que renuncies a ellas en el caso de que te den una beca privada, pero nunca comprueban si eso ha sucedido. Por otro lado, los organismos públicos te piden todos los recibos que puedas aportar para justificar tus datos, mientras que los privados sólo se te suelen pedir una memoria científica. Y he aquí el truco, porque ¿quién se va a enterar de que una empresa privada te está pagando por otro lado? A fin de cuentas, sólo tienes que presentarle los recibos a uno de ellos. Así que cuando te dan varias becas, mucha gente elige, sí, pero elige qué beca privada se va a quedar además de la pública. Gente con dos becas se han pagado la entrada de un coche, se han amueblado el salón o se han pegado unas vacaciones de lujo. Nótese que ya no estamos hablando de robar clips de la oficina ni de llamar desde el teléfono institucional para quedar a tomarte una cerveza con tu amigo de toda la vida, sino de miles de euros. Además, cada persona que ha aprovechado dos becas a la vez es culpable, al menos moralmente, de que otro investigador se haya quedado sin poder hacer una estancia en otro laboratorio.

A mí me dieron una beca privada, así que no pedí ninguna pública. ¿Y sabéis lo que mucha gente piensa de mí y me dijo por no haberlo hecho? Que soy tonto. Pero tonto de cojones.

octubre 9, 2011

Asimetría.

Filed under: Divulgacíon científica — mellamanvic @ 6:36 pm

De vez en cuando, en alguna serie, película, libro, etc. hemos podido ver el caso de que algún personaje recibía un disparo en el lado izquierdo del pecho y se salvaba milagrosamente porque ¡tenía el corazón justo en el lado contrario! La cosa podría no pasar de ser una curiosidad: 1 de cada 8000 humanos nacen de aquella manera. ¿Pero por qué los otros 7999 nacemos con el corazón y el estómago en el lado izquierdo y el hígado en el derecho? Ésta es una pregunta que ha fascinado a biólogos durante décadas, pero sólo durante los últimos veinte años hemos empezado a entender cómo funciona el mecanismo que nos lleva a tener estos órganos en la posición en la que los tenemos.

La condición normal, la que tenemos la amplia mayoría de individuos, no sólo los humanos sino todos los vertebrados, es conocida con el nombre de situs solitus. Esta condición se adquiere durante el desarrollo embrionario. De hecho, el corazón, al igual que sucede con el intestino, se empieza a formar en la línea media del embrión como un tubo recto, pero gira inmediatamente hacia la izquierda, en un movimiento conocido como looping cardíaco. Y algo parecido sucede con el hígado.

Hay varias disposiciones alternativas al situs solitus. La más conocida de ellas es la conocida como situs inversus y consiste en la inversión completa de todos los órganos. El corazón queda a la derecha, el hígado queda a la izquierda, etc., de forma que los individuos que poseen esta disposición son imágenes especulares de los individuos normales. Esta condición no parece conllevar ningún problema de salud: la gente que posee situs inversus hace vida normal, e incluso muchos de ellos ignoran que tienen esta condición.

Dos fenómenos menos conocidos son el isomerismo, consistente en la falta de asimetría de un solo órgano, como la presente en aquellos individuos que tienen el hígado en la línea media, y la heterotaxia, en la que un órgano o varios se desarrollan con asimetría inversa a la normal. Las dos anomalías pueden parecer la misma, pero no lo son. En el isomerismo un órgano no logra la asimetría, mientras que en la heterotaxia se produce la asimetría, pero en una disposición inversa a la habitual. Ambos casos sí suelen acarrear problemas para la salud.

Pero volvamos a la cuestión de cómo se produce la asimetría izquierda-derecha de los órganos. Durante el desarrollo embrionario se establecen muy temprano otras dos asimetrías: la rostro-caudal, que determina dónde se va a formar la cabeza y dónde la cola (con todo lo que hay entre ellas) y la dorsoventral, que diferencia lo que va a ser el vientre de la espalda. Desde el punto de vista de la geometría, una vez que se han formado estos dos ejes primarios de simetría, el tercero “cae” por su propio peso. En otras palabras, si sabes diferenciar entre delante y atrás y entre arriba y abajo, eres capaz de inferir dónde están la derecha y la izquierda. ¿Pero cómo lo hace un embrión?

A comienzos de los años 90 se propusieron un par de modelos para explicar la adquisición de este tercer eje de asimetría. Sin embargo estos modelos eran puramente teóricos,  no estaban basados en observaciones empíricas; y no sería hasta finales de esa década cuando se hizo el primer modelo basado en experimentos de laboratorio. El grupo de Nobutaka Hirokawa, en Japón observó en embriones de ratones cómo un grupo de células del nodo, una región señalizadora vital para la gastrulación del embrión, proyectan cilios hacia el espacio extraembrionario, y cómo estos cilios se movían de tal manera que crean un flujo en la zona del nodo. Los autores consideraron que si estas células u otras cercanas produjeran una señal esta señal sería distribuída de forma asimétrica en el nodo, llegando primero al lado donde la llevara el flujo nodal. Este modelo tenía además una importante prueba a su favor: la existencia de los ratones inversus viscerum. Estos ratones tienen una mutación en una proteína llamada dineína, implicada en el movimiento de todos los cilios, incluídos los del nodo, y presentan situs inversus en la mitad de los individuos. La falta de movimiento, pues, conllevaba que la asimetría se produjera al azar: un 50-50%.

Pese a que el modelo ciliar es el más aceptado comúnmente, y suele ser el único recogido en los libros de texto, hay muchas pruebas que indican que el movimiento ciliar no es el último responsable de la asimetría e incluso pudiera ser que no jugara ningún papel. Esto ha provocado que el papel de la dineína esté siendo mirado bajo una nueva luz. Algunos autores indican que, efectivamente, la dineína está implicada en el movimiento de los cilios, pero también cumple otros papeles importantes en el citoplasma de la célula, por lo que sería posible que el defecto de rotación de los cilios en los mutantes de dineína sea secundario, y que la relación entre la función de la dineína y la asimetría se produzca a otro nivel. En muchos animales, de hecho, se establece una asimetría en la expresión génica mucho antes de que se formen cilios, o incluso sin que estos se lleguen a formar nunca, como es el caso del caracol, del erizo de mar, de Drosophila o de Caenorhabiditis elegans. Es el caso, también, de animales más próximos al ratón, como el sapo o el pollo.

El ratón podría ser, además, un caso totalmente excepcional, pese a haber sido presentado como arquetipo. Al contrario de lo que sucede con la mayoría de los amniotas, que presentan un blastodisco plano, el embrión del ratón es cilíndrico. Además, en otros mamíferos no es el nodo el que está ciliado sino una zona situada sobre la parte posterior de la notocorda. Las aves también tienen su nodo, llamado nodo de Hensen, y en ellos se observó una expresión asimétrica de SHH y Fgf-8. No obstante, en mamíferos no se reproduce esta expresión asimétrica. Si se producen diferencias entre dos modelos vertebrados, es posible que en el Reino Animal la asimetría se consiga de distintas maneras.

En cualquier caso, debido a estos y a otros problemas, en los últimos cinco años se han propuesto otros dos modelos para explicar la adquisición de la asimetría. Uno de ellos propone que durante las divisiones de los blastómeros se produce una distribución diferencial de ciertas proteínas transportadoras, de modo que en el embrión se establecen varios gradientes, tanto de pH como de voltaje, que podrían influir en la determinación del eje izquierda-derecha. El último modelo propone que los cromosomas que se reparten entre las células hijas durante la división no son exactamente iguales, sino que llevan una “impronta” o “huella genética” que hacen que las dos células hijas sean ligeramente diferentes desde un punto de vista epigenético. Esta impronta le serviría a la célula como marcador de la localización que ocupa en el embrión.

Estos tres modelos tienen un punto en común: el centriolo, una estructura que se encarga de la organización del citoesqueleto de microtúbulos y de la distribución de los cromosomas durante la división celular.

Un segundo punto en el que confluyen los modelos sería el de la expresión de un gen llamado Nodal en la parte izquierda del mesodermo. Esta expresión de Nodal es transitoria, y otros genes se encargan de tomar el relevo y seguir manteniendo una expresión asimétrica. Entre estas moléculas conviene destacar a Pitx2 y Nkx3.2 en el lado izquierdo y SnR en el lado derecho.


Así pues, el embrión contiene la información sobre la posición izquierda o derecha pero ¿cómo se traduce esto en la disposición asimétrica de los órganos? Pues básicamente por una proliferación celular y un crecimiento desiguales. En el caso del estómago se produce un mayor crecimiento del lado izquierdo del órgano (zona que se conoce como curvatura mayor del estómago). En el caso del intestino, la tasa de crecimiento mayor se produce en dos zonas, el duodeno y la parte central del giro primitivo. Algo parecido sucede con el corazón, donde ciertas zonas del tubo cardíaco primitivo crecen para dar lugar a los ventrículos y los atrios.

Mención especial requiere el bazo, cuya posición depende del estómago.  Normalmente el bazo está situado a la izquierda del estómago, pero en los casos de isomerismo al bazo le suceden cosas extrañas. En el caso de isomerismo derecho se produce el síndrome de asplenia, en el que el bazo está ausente, mientras que en casos de isomerismo izquierdo sucede justo lo contrario: hay multitud de bazos (síndrome de polisplenia).

Todas las dudas planteadas indican que estamos todavía muy lejos de llegar a la solución de este problema. Mientras tanto, en nuestro televisor, aunque sea de tarde en tarde, alguien sobrevivirá a un disparo a quemarropa en el pecho.

septiembre 19, 2011

5 razones para ver The wire

Filed under: Críticas de TV. — mellamanvic @ 6:19 pm

1. Cuando hablo con algunos amigos míos bastante enganchados a este mundillo de las series muchas veces sale la discusión de cuál ha sido la mejor serie que hemos visto, y las candidatas suelen ser “The Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “The wire” y, como siempre tiene que haber uno que dé la nota, “Lost”. El simple hecho de que haya gente que no pueda/sepa elegir entre “The wire” y “The Soprano” es una excelente carta de presentación, no me lo podéis negar.

2. The Wire fue producida por la HBO. Ya sabéis, los cabrones esos que hicieron joyitas del tipo “Hermanos de sangre”, las ya mencionadas “Los Soprano” y “A dos metros bajo tierra” y otras menos conocidas pero igualmente buenas como es el caso de “In treatment”. Por cierto, la HBO tuvo entre sus manos los proyectos de “Mad Men” y “Breaking Bad” y los dejó escapar. Esto, junto con la producción de “Sexo en Nueva York, constituye el grueso de los errores de la cadena americana. Pues bien, la propia HBO considera “The Wire” como una de las joyas de su corona.

3. David Simon. ¿Quién es David Simon? David Simon es, para los que lo seguimos algo de cerca, Dios hecho guionista. David Simon empezó como periodista en la ciudad de Baltimore, escribiendo crónicas policiales, y allí se generó el germen de la serie de la que nos estamos ocupando en este post y de un libro muy directo y crudo llamado “Homicide. A year in the killing streets”. “The wire” no es lo único que ha hecho David Simon para la televisión. También cuenta con “Generation kill”, una serie sobre la guerra de Irak de la que hablaremos en otra ocasión, y con “Treme”, que trata sobre la ciudad de Nueva Orleans post-Katrina, y, sobre todo, de jazz. Ésa es una serie que también merece post aparte, lo prometo.
La escritura de David Simon es directa, sin florituras, y se basa sobre todo en un diálogo fácil en el que los personajes hablan como tienen que hablar: los policías son groseros, los gángsters son arrogantes hasta que dejan de serlo porque están demasiado acojonados para hacerse los gallitos y los políticos te doran la píldora hasta que te la clavan por la espalda… tal y como te imaginas que es en la vida real. Y todos, absolutamente todos, te descubren de vez en cuando un aforismo, pero de nuevo sin imposturas, que aquí no hay prostitutas que parezcan haber cursado varias carreras (pero si te gusta ese tipo de personajes, ponte a ver “Princesas”, de Fernando León de Aranoa.

4. Los personajes. “The Wire” tiene muchísimos personajes. McNulty, Lester, Bubbles, Kima, Bunk, Omar, Stringer, Barksdale, D’Angelo, Sobotka, Marlo, son nombres que he podido teclear de corrido sin mirar la Wikipedia. Y me acuerdo de todos ellos porque son personajes que acabas no sólo conociendo, sino amando. Son todos personajes complejos, pero, no me cansaré de escribirlo, sin imposturas: aquí no hay policías buenos de moral intachable, sino policías con un trabajo de mierda, que hacen lo que pueden en la mayoría de los casos y que, en otros, lo hacen con una dedicación absoluta no por amor al bien, sino porque han tirado por el retrete el resto de su vida y buscan la expiación que no consiguen en otra parte en su labor policial. Y los gángsters son malos, son trepas, son gente de la que no deberías fiarte salvo que hayas crecido con ellos desde pequeño. Y ni eso. Vaya, como deberían ser los gángsters: si te saltas ese estúpido código de honor de las películas, sobrevives en la calle de verdad.

5. Baltimore. ¡Mira, hay más ciudades en Estados Unidos además de Nueva York, Washington, Los Ángeles y Chicago. Baltimore…! Dónde coño está eso, os preguntaréis. Pues a medio camino entre Philadelphia y Washington, rodeado de marismas donde se pueden pescar cangrejos grandes, de los de a kilo. Una ciudad que parecía florecer en los sesenta y se marchitó antes de que terminaran los setenta. Y de aquellos polvos, estos lodos: Baltimore es una de las ciudades más deprimidas y deprimentes de la costa Este. Pero es el caldo de cultivo para historias de drogas, corrupción e incompetencia política de los que habla “The Wire”.

6. ¿Pero no eran cinco? Sí, pero no quería terminar sin mostraros la carta de presentación de una serie que no debería faltar en una videoteca que se precie:

El vídeo, lo habéis podido comprobar, está en inglés. ¿Por qué? Porque por cada capítulo the “The Wire” que veáis en español Dios matará a un koala.

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