verevictor

enero 19, 2016

Penélope

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 12:54 pm

Todos los viernes iba a la estación de autobuses a esperar a mi novia. Salía del trabajo e iba directamente a esperar a que llegara el autobús de Córdoba en el andén 43. Yo solía llegar media hora antes, y me ponía a leer cualquier cosa hasta que llegase el autobús. No me importaba esperar. Es más, me gustaba la seguridad de saber que yo estaría ahí cuando el autobús llegase, que ella podría verme sentado y darse cuenta de que, para mí, lo mejor del fin de semana seguía siendo que ella viniese.

Hice esto durante tantos años que acabé reconociendo otras caras en la estación. Algunos eran viajeros que volvían a su ciudad o pueblo durante el fin de semana. Otros esperábamos a los que llegarían. Entre estos últimos éramos unos cuantos los novios que esperábamos a nuestras novias.

Había otro chico con el que coincidía todas las semanas. Su novia, que venía de Granada, llegaba un cuarto de hora antes que la mía, así que ellos se iban antes que yo.

Una semana decidí llevar una rosa para dársela a mi novia cuando llegara y, contento con el gesto, decidí incorporarlo a mi rutina todos los fines de semana. El otro novio no tardó en copiarme. Al principio lo llevé bien, no me importaba. No lo consideraba una competición hasta que él lo convirtió en una competición. Empezó a llevar dos rosas, de diferentes colores, y a mirarme por encima del hombro. Luego fueron tres las rosas. Entré al trapo y un fin de semana yo llevé doce. La semana siguiente él vino más arreglado que de costumbre y con doce rosas –sí, las conté- y una caja enorme de bombones. Ahí fue cuando decidí abandonar esa absurda guerra. Me levanté del banco y, por primera vez desde que empecé con esa costumbre, las rosas no acabaron en mi casa, sino en cualquier papelera que me pilló de camino.

No he vuelto a ir a la estación de autobuses. Ahora espero a mi novia en la estación de trenes. El tren de Córdoba llega demasiado pronto, así que espero al tren de Sevilla. Me viene mejor así. Es un incordio que no haya apenas bancos en la estación de trenes y tener que esperar de pie, pero por lo demás no hay grandes diferencias.

Ya no llevo rosas

Seguro que a mi novia no le importa.

Seguro que ella me lo perdona, así como yo le perdono, semana tras semana, que ella siga sin volver.

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enero 18, 2016

Tiempos

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 11:25 am

A Ángel González

 

Te amé en un pasado

que dura toda

vida.

Tengo un presente

que nadie me acepta.

Y todo mi futuro

es subjuntivo.

 

Da pereza vivir,

ese mandato que nos viene

de quién sabe dónde,

de quién sabe quién.

 

Da pena vivir.

Ocupar un espacio en este tiempo

cuando malgasto ambos.

 

¿Fueron esos años contigo

suficientes para justificarme?

¿No son estos años que vivo

demasiada penitencia

por haberte perdido?

 

No tengo miedo a morir,

mas quisiera no haber existido.

abril 11, 2014

TE DESEO

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 11:38 am

Te deseo bajo las hojas

mojadas de escritura,

sobre pétalos marchitos,

en medio de todo.

 

Te deseo cuando estás ausente de mí,

te deseo con tu cara pizpireta,

y en la más profunda de tus angustias.

 

Te deseo tanto cuando me dueles,

cuando provocas mi angustia,

cuando causabas mi tristeza.

 

Resumiendo: te deseo tan tú,

tan siempre.

abril 9, 2014

Primer (y único) mandamiento

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 7:34 am

Amarás a Lucía Asier Fernández sobre las demás mujeres de tu vida.

La amarás también cuando esas mujeres estén sobre ti.

Cuando estén a tu lado y cuando

-ellas también-

estén lejos.

 

Mas no es esto lo que te mando.

Lo que Yo te ordeno

-y no te lo pongo fácil-

es que aprendas a vivir con ello.

noviembre 27, 2013

Insomnia

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 4:16 pm
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What if you slept
And what if
In your sleep
You dreamed
And what if
In your dream
You went to heaven
And there plucked a strange and beautiful flower
And what if
When you awoke
You had that flower in you hand
Ah, what then?

Coleridge

INSOMNIA

Some nights it’s not so bad. Some nights I only dream of her once.

Alas, these are not dreams like the ones I used to have when we had just broken up. Back then I would dream we were still together. I’d go crawling up her arm or leg the way I used to do, pretending I was a chameleon and doing weird things with my mouth. We would make love. Or we just happened to be sitting in the couch, watching our new favorite TV shows. I still hated having those dreams. The dreams were themselves kind of sweet, but when I woke up and realized I had lost my chances to ever be with her again I had a few seconds of deep sorrow. The moment passed, sure enough. I just traveled from the dream into a reality I had already made peace with. It just took a few seconds of hurt. It wasn’t that bad.

Nowadays the dreams are much, much worse. Sometimes I dream we work together. Sometimes she’s dating a friend. Sometimes she’s my neighbor. The thing is, I get to see her on a regular basis. And it’s not something I enjoy much. It hurts. It hurts to look at her, but  the way she looks at me hurts much more. I can see that she pities me, not because she was the one that got to dump me -she doesn’t hold any regrets about that,  mind you-, but because I disappoint her. She sees what I have done with my life. The way I’ve treated women, my stupid decision to start smoking, the fact that I’m suspecting I may be becoming an alcoholic and other things I won’t dare to mention are judged in the way she looks at me. And she’s right; I’ve turned myself into a waste of space. Most days I’m just too scared to leave my house in case I run into someone that could ask me what I have been doing with my life lately. I’m tired of not being able to face the answer to that question. And all that is in the way she looks at me. Funny brain of mine can get to make her look at me in my dreams in a way she never looked at me in real life…

I remember reading you can’t do some things in your dreams. I read that, for instance, you can’t smell.  Funny brain of mine, I can smell her hair and her skin pretty well enough. And it hurts.

They also say that you can’t die in your sleep. And I guess you really can’t. But, funny brain of mine, I can certainly try. I can jump off a bridge, I can pull a trigger, and I can put my head against a train rail and feel how it rumbles. The second I hit the water, pull the trigger or when the train arrives to ‘next station my head’ I wake up. But I wake up, so to speak, with Coleridge’s flower in my hand. The determination to end it all stays with me for quite a while, and I always think about the luck not to live in a high building. Good luck or bad luck, it’s a tough call to make at that point.

Some nights it’s not so bad. Some nights I only dream of her once.

abril 28, 2013

Carta abierta a Esperanza Aguirre

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 10:46 pm

Querida señora Aguirre:

 Hace tiempo que le estoy dando vueltas a esto que algunos llaman fuga de cerebros y usted llama fuga de jóvenes. Otros lo llamamos sencillamente emigración. Así, sin lacitos rojos. Mis motivos no son altruistas, pues posiblemente yo emprenda el mismo viaje al extranjero en busca de oportunidades profesionales.

Cada mañana, con el café, leo las noticias en los periódicos de internet, y ayer leí con asombro un artículo de El País sobre sus declaraciones. No pude evitar reírme al leer que a usted le gustaría tener una universidad de Oxford en España cuando su legado va a ser un megacasino. Me reí menos cuando puso al AVE como ejemplo del progreso español. Me llevé las manos a la cabeza cuando dejó caer que, si somos capaces de ganar un mundial ¿cómo no vamos a ser capaces de salir de la crisis?

Pero lo que me cabreó fue que considerara que la salida de jóvenes de España en busca de trabajo sea un motivo de orgullo. Las suyas no son las primeras declaraciones que exaltan la bondad y los beneficios de que en los últimos años (y lo que te rondaré, morena) hayan salido de España miles de jóvenes En muchos casos, jóvenes con un título universitario que son muy apreciados en otras economías donde hay, valga la redundancia, economía. Pero las suyas son las últimas, y por eso me dirijo a usted.

Sin ánimo de ofender, usted se podrá engañar a sí misma, e incluso engañará a algún incauto por el camino, pero no engaña ni a los que se han ido ni a los que nos vamos a ir. No nos vamos porque queramos vivir una aventura, ni porque queramos aprender técnicas y conocimientos que podamos traer de vuelta a España en un futuro a medio plazo. Nos vamos porque no podemos quedarnos, porque en este país hay seis millones de parados y la tasa de paro juvenil más alta de la historia de la democracia.

Y nos vamos sabiendo que lo más seguro es que no podamos volver. Porque, señora Aguirre, ¿qué le hace pensar que el tejido empresarial de este país se vaya a recuperar cuando no sólo las empresas extranjeras están cerrando sus fábricas en España sino que las propias marcas españolas son compradas por multinacionales y están trasladando sus centros de producción a otros países? ¿Qué le hace pensar que licenciados y doctores abandonaremos mejores puestos para venir a servir copas en su megacasino? ¿O que volveremos a montar nuestra propia empresa cuando un autónomo tiene que facturar 1000€ para poder quedarse con 490?

Los jóvenes nos vamos, pero no seremos jóvenes siempre. Encontraremos trabajo, fundaremos familias, y nos asentaremos en otros lugares. Echaremos raíces en esos lugares y acabaremos amándolos. Echaremos también, por supuesto, de menos a nuestro país. Echaremos de menos a nuestra familia. Tendremos sobrinos a los que no veremos hasta tres meses después de que hayan nacido. Perderemos, poco a poco, el contacto con los que han sido nuestros amigos de toda la vida. Llegará el día en que nuestros padres no se puedan valer por sí mismos y lloraremos porque no sabremos qué hacer. ¿Los llevamos a vivir con nosotros a un país que no entienden o los meteremos en un asilo, olvidados del mundo?

A falta de vivir aquí, seguiremos con algunas de nuestras costumbres. Dormiremos siesta los domingos, escucharemos flamenco, intentaremos hacer una paella con lo que tengamos a mano. Nos tomaremos un café por la mañana, aunque el café nos parezca aguado. Y mientras nos tomemos ese café, leeremos los periódicos españoles. Y cada cuatro años votaremos. El voto extranjero será cada vez más decisivo. Seremos tantos los que votemos desde el destierro, señora Aguirre, que quizá sea mejor que se lo piensen dos veces antes de decir que se alegran de que estemos en esa situación.

abril 23, 2013

Unidades de medida

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 8:56 pm

72 centímetros o,
lo que es lo mismo,
28 pulgadas
o casi dos pies y medio,
si vives al otro lado del océano.
Ésa es una forma correcta
de medir la distancia.
3.6 palmos, si quieres ser arcaico.

Yo prefiero medirlo de otra manera:
60 dedos si los pongo en horizontal
o 21 en vertical.
Son 59 besos,
si no se solapan,
pero tú y yo sabemos
que se solapan
cuando van llegando a mi meta.
No lo puedo medir en lametones
porque a veces son cortos
y a veces son largos.
Ésas son medidas
no internacionales,
pero bien lícitas
para la distancia que hay
entre tus tobillos
y mi cruz.

Lo único ilícito sería medir
en semanas
la distancia entre dos nosotros.

Signos de puntuación

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 8:53 pm

Tú tan punto y seguido,

yo tan punto y aparte.

No hay lugar para una segunda oportunidad:

no damos para puntos suspensivos.

abril 17, 2013

La otra emigración. La mayoritaria.

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 8:02 pm

Hoy ha sido otro día de esos en los que el PP se ha cubierto de gloria. Rajoy, como nos tiene acostumbrados, no ha hablado –ni siquiera desde su monitor de plasma-, pero en su circo sobran los enanos (mentales), y hemos tenido un par de noticias graciosas. La primera fue muy tempranera. María Dolores de Cospedal, supuestamente, dijo ayer –a puerta cerrada- que los votantes del PP prefieren dejar de comer a dejar de pagar la hipoteca. La Vanguardia ya ha re-redactado la noticia, así que me temo que no puedo poner el link. No obstante, Pujalte no ha perdido el rebufo de la presi de Castilla la Mancha, y ha declarado que los que piden la dación en pago lo hacen para comprarse una segunda vivienda. Con dos cojones como dos macetas.

Dos declaraciones que han montado tal vorágine de indignación en las redes sociales que han hecho que otras pasaran sin pena ni gloria. Las de Fátima Báñez, aquella ministra que se encomendaba a la Virgen del Rocío para que España saliera de la crisis (así de falta de soluciones está ella), que hoy ha dicho, en otra pirueta argumental a la que nunca nos acostumbraremos, que la salida de jóvenes al extranjero es “movilidad exterior”. No voy a hablar de nazismo, otro tema muy en el candelero estos días, pero cada vez que veo este ansia de no llamarle a las cosas por su nombre (y en mi mente todavía pegan coletazos términos como “desaceleración económica” o “brotes verdes” de nuestro anterior gobierno) me acuerdo de la máxima de Göebbels: una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad.

Siempre ha existido la emigración en España. En muchos casos, forzosa. En otros, por gusto. La de ahora es forzosa. Y es una tragedia. Al pan, pan, y al vino, vino. Pocos de los que emigran quieren dejar a la familia, amigos o la tierra en la que crecieron, y los que se van ahora saben que es muy posible que no vuelvan. Repito: es una tragedia. Muchos de los que emigran son personas en los que la educación, todavía pública, ha invertido esfuerzo y altas cantidades de dinero que acabarán reembolsándose otros países. Otros no tanto, pero la tragedia también es humana, y os voy a contar un ejemplo.

Hace un año fui a Viena con un par de amigos. Cada vez que estoy en una ciudad por primera vez entro a un bar o, si el tiempo lo permite, me siento en una terraza y le tomo el pulso mientras me tomo un café o una cerveza. También lo hice en Viena. El camarero que nos atendió era peruano, pero estaba afincado en España. Su mujer y su hijo eran –son- españoles. Él estaba en Viena durante el invierno, porque en España no tenía trabajo hasta el verano, época de chiringuitos. Le quedaban un par de semanas, pero el paso del tiempo ya se le hacía eterno. Cada vez que hablaba con su familia su hijo le preguntaba que por qué no estaba con él. Y él, cada vez, respondía que tenía que ganar dinero para todos. Se ve que para el hijo el tiempo cada vez pasaba más lento, porque la última vez que le llamó había encontrado una solución.

– Papá –le dijo-, ayer rompí mi hucha y tenía casi 20 euros. ¿Si te los doy vendrás más pronto?

En aquel momento la voz del camarero se quebró. Algo dentro de mí también. Algo que todavía me duele cuando Pujalte hace declaraciones como las de hoy.

Y sin que esté directamente relacionado con la emigración, algo me duele también cuando leo a gente que  usa a los niños para condenar el escrache. Dejemos de pensar en los niños. Seamos más prácticos, pues pocos nos acordamos de lo que era ser niños. Si realmente lo hiciéramos, recordaríamos que los berrinches, la indignación, las decepciones y las tristezas se nos pasaban mucho más rápido de lo que se nos pasa ahora. Pensemos en los padres, y algo se nos romperá dentro.

abril 4, 2013

El precio

Filed under: Uncategorized — mellamanvic @ 9:14 pm

                Salió a la terraza a fumarse un cigarrillo. Lo hizo pese al frío, o gracias al frío, porque sabía que se iba a encontrar solo y necesitaba pensar en los acontecimientos del día. Fermín era así, muchas veces tenía que abandonar la multitud y encontrar un momento de pausa, algo que la gente malinterpretaba en ocasiones como un desprecio.

                Dio su primera calada al cigarro de cara al salón de banquetes, pero fue incapaz de ver a la que ya era su mujer. Le extrañó porque ella era gorda, tenía afán de protagonismo y se había comprado un vestido de boda muy voluminoso en Nueva York. Fermín sabía que si hubieran vivido en Nueva York se lo habría comprado en París. La gente que ha crecido con mucho dinero y nunca lo ha ganado es así, pensó amargamente.

                Cuando le dio la segunda calada al cigarro se acordó de que sólo cinco años antes odiaba el tabaco y a todos los fumadores. Le parecían gente irrespetuosa que nunca pensaba en el daño que se hacían y mucho menos en el daño que hacían a los demás. Ahora él era uno más de los que se quejaban de lo injusto que era no poder fumar después de comer en su restaurante preferido, uno más de los que fumaban el primer cigarrillo de la mañana en el ascensor y uno más de los que tiraban la colilla al suelo de la calle sin darle mayor importancia. También despreciaba el dinero, pensó. Tenía un trabajo que pagaba su vida sencilla y le daba tiempo para leer, pagar los condones y salir a beber con sus amigos, por entonces sus únicos vicios. Fue una combinación de estos dos últimos vicios lo que llevó a conocer a Cristina.            

Una noche, con unas copas de más, su amigo Javi le pasó el brazo por encima del hombro y le dijo:

                -Fermín, hay que perderle el miedo a las gordas. Si te lías con una gorda hoy compro una botella de Brugal en la barra.

                Y así fue como Fermín, que también despreciaba a las gordas, acabó hablando con la más gorda del bar y, al ver que no tenía mucha conversación pero sí muchos complejos, acabó besándola y condenó a Javi a pagar la apuesta. Una botella de Brugal después, los amigos se fueron entre risas y la dejaron con la gorda, que invitó a Fermín a su casa. Sabiendo que sus amigos no estaban, Fermín aceptó la invitación

                Dos años después, Fermín sabe perfectamente por qué siguió viendo a Cristina. El coche de Cristina resultó ser un Porsche todoterreno, pero un Porsche a fin de cuentas, su casa resultó ser un ático, y sólo una de tantas que tenía, y Cristina resultó ser la hija de un naviero podrido de dinero.

                Fermín no se vendió poco a poco, sino que se vendió rápido y desde el primer día. Un mes después de conocerse, por su cumpleaños, Cristina le invitó un fin de semana a París, y a partir de entonces viajaban una vez al mes a una capital europea. El resto de fines de semana los pasaban en una de sus casas o de las casas de su padre, y las vacaciones en complejos turísticos de alto lujo.

                El proceso no estuvo exento de vergüenza. Cuando dejó su trabajo descubrió que le gustaba más de lo que pensaba, pero no volvió a ver a sus compañeros ni a pasar por la oficina. Poco a poco dejó de ver a Javi y al resto de amigos, hasta el punto de que acabó por no invitarlos a la boda. Ahora tenía un trabajo en el que no hacía gran cosa pero cobraba mucho, un coche que él nunca se hubiera comprado porque le parecía obsceno gastar tanto dinero en un medio de transporte y un mueble con bebidas que nunca había probado.

                Le dio una última calada al cigarro y lo apagó en la barandilla, esperando que dejara una marca en la madera. Tiró la colilla por el balcón y pensó: ¡Al carajo, me he vendido por mucho más de lo que valgo!

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